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Rastros de la actualidad
El día después: Para salvar a los niños hay que cambiar el mundo
ALMACEN DE RASTROS

Ayer fue el día del niño. Y se expreso en él muchos sentimientos propios de solidaridad y cariño hacia ellos. Sin embargo, el día después nos presenta el desafío de pensar la infancia en toda su magnitud y también en los marcos reales de un mundo profundamente desigual y cruel con los niños.
Para graficar lo que sostenemos, veamos algunas de las estadísticas de Unicef en su informe anual correspondiente al 2008:
º El informe sobre el Estado Mundial de la Infancia 2008 de UNICEF comienza con una pregunta: "¿Cuánto vale una vida?", una pregunta que en la práctica no parece fácil de dar respuesta, en vista de los casi 10 millones de muertes infantiles que sufre el mundo anualmente.
º Se pueden salvar las vidas de muchos de los 27.000 niños y niñas menores de 5 años que mueren cada día en el mundo.
º Cerca de 2 millones de niños menores de cinco años mueren anualmente de neumonía (más o menos, uno de cada cinco fallecimientos a escala mundial), y hasta 1 millón más mueren por infecciones graves, incluida la neumonía, durante el período neonatal.
º A pesar de los progresos realizados desde 1980, las enfermedades diarreicas ocasionan el 17% de las muertes de menores de cinco años.
º El paludismo, el sarampión y el SIDA, en conjunto, son responsables del 15% de las defunciones infantiles.
º Más allá de sus repercusiones individuales, muchas enfermedades y problemas de salud interactúan, elevando las tasas de mortalidad. La desnutrición contribuye hasta el 50% de las muertes infantiles.

A este análisis habría que agregarle uno de los elementos claves de la situación de verdadero genocidio social sobre niñas y niños, y es la profunda brecha de desigualdad que se continua ampliando entre el segmento social de ingresos más altos y aquellos de ingresos más bajos, e incluso con los de ingresos medios. La importancia de ella, además de ofender la conciencia democrática, tiende a ser un problema de tal magnitud que podemos hablar de dos humanidades. Una con aptitud y capacidad de acceder a los beneficios de los avances en salud, educación, cultura, tecnología, y la otra que se va retrasando en forma relativa a la primera, cada vez más, convirtiendo en un abismo la distancia que ya la hace imposible de desandar sin medidas profundas y radicales de igualdad humana.
Agreguemos a esta realidad amarga, la vivencia de los niños en la zona de guerra, donde son las primeras víctimas, o son reclutados a la fuerza, o quedan huérfanos. El capitalismo triunfante a escala mundial sólo trajo un mundo más violento, mas injusto, en especial con los niños. Este sistema social se ha demostrado inútil para resolver los problemas de paz, justicia y distribución de la riqueza.

Veamos algunas de las zonas de guerra en el mundo para tomar idea de la dimensión del problema:
Invasión de EEUU y tropas aliadas a Afganistán.
Invasión de EEUU y tropas aliadas a Irak.
Guerra en Georgia y Rusia en Oestia sur.
Combates entre Israel y facciones musulmanas o cristianas en Palestina.
Combates entre Israel y el Sur del Líbano.
También, zonas de guerra o conflictos de baja intensidad tales como:
Cachemira,
Corea,
Filipinas,
Indonesia,
Laos,
Nepal,
Sri Lanka,
Yemen.
Angola,
Argelia,
Etiopía/Eritrea,
Guinea Conakri,
Namibia,
República Centroafricana,
R.D. Congo,
Sahara,
Senegal,
Sierra Leona,
Somalia,
Azerbaiyán/Armenia,
Kosovo/Serbia,
Macedonia,
Chechenia,
Tayiquistán/Kirguizistán/Uzbekistán,
Colombia.
Hambre, pobreza e indigencia, mortalidad infantil, víctimas de violencia y abusos, explotación del trabajo infantil, reclutamiento forzado para las guerras de otros, masacres de poblaciones civiles donde los niños y niñas son las primeras víctimas, persecuciones raciales sobre adolescentes, trata de niños y niñas, prostitución infantil. Todo conforma una escándalo moral para el mundo. Nadie en esta aldea globalizada puede dejar de sentir que, mas allá de la cercanía personal con ella, tiene una responsabilidad de aportar a la finalización de esta inmoralidad que agrede a la conciencia democrática mundial.
Estamos entre aquellos que pensamos que el sistema de la hiperganancia y pobreza extrema, del sálvese quien pueda, del mundo de las corporaciones deshumanizadas, de las agresiones bélicas por el petróleo, el agua o los recursos naturales, de este planeta que se preocupa de poner en órbita a multimillonarios pero no puede garantizar que sus chicos lleguen a su escuela a pocos kilómetros; no puede solucionar este agravio que sufre la humanidad. A la vez, somos concientes que cada compromiso, cada acción militante, social, o gubernamental que ayude a superar esta realidad que analizamos, acerca aquella utopía de que otro mundo es posible. En la batalla por la niñez, cada esfuerzo es necesario, cada colaboración es imprescindible.

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