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Rastros de la actualidad
¿Hacia dónde vamos?

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Hacia donde vamos

 

La derrota en el Congreso de la Nación de la propuesta de retenciones móviles del Ejecutivo Nacional puso en crisis el esquema político del Kirchnerismo. La pregunta reiterada es ¿hacia dónde vamos? Por supuesto que la misma merece distintas respuestas según la óptica de quién se lo pregunte. Antes de volcar nuestra opinión sobre el porvenir es necesario saber como llegamos hasta aquí.

El proceso abierto con el triunfo electoral del Presidente Kirchner en el 2003, ubicó en el centro de la discusión el desafío -ahora desde el gobierno- de cómo construir un poder que lograra que el programa prometido y la expectativa generada en la población, permitieran avanzar en la transformación de la Argentina y de la vida de sus habitantes.

El comienzo de la salida de la catástrofe social que nos legó el neoliberalismo, los índices que mostraban avances en la producción, el trabajo, la reducción de la pobreza y la indigencia, junto a las medidas tendientes a una justicia independiente, como la vigencia de los ddhh y el fin de la impunidad para los genocidas, mostraron un rumbo que conformó una alianza social donde cohabitaban, no sin conflicto, sectores productivos concentrados, sectores medios que recuperaban capacidad de movilidad social, trabajadores en blanco y negro que volvían a cierto grado de estabilidad, recuperación de la industria, el campo y el comercio. Eso empujó la credibilidad de las instituciones, y, sobretodo, un consenso social amplio sobre la figura presidencial.

Esa relación entre el humor social y el presidente, permitió actuar con mucha autoridad sobre la crisis de los viejos partidos nacionales como el peronismo y el radicalismo, y sobre la enorme dispersión del progresismo y la izquierda democrática. Y comenzar, más allá de nombres circunstanciales, a darle contorno a una fuerza política que pudiera expresar el contenido de la acción de gobierno. Por supuesto que eso hacia crujir viejos intereses atados a los acuerdos de gobernabilidad, poder y negocios entre el bipartidismo tradicional.

Sin embargo, ese momento de mayor prestigio no tuvo como correlato la concreción de la oportunidad. El liderazgo en la opinión pública fue utilizado para conquistar voluntades, sumarlas al proyecto, darles lugar, recoger opiniones, pero no para construir una fuerza del cambio que expresara esa nueva mayoría que se había constituido. Se creyó que el poder logrado permitía articular desde el liderazgo el archipiélago de voluntades, grupos, sectores políticos, organizaciones sociales y podría sostener los conflictos avizorados en torno a la redistribución de la riqueza ahora reactualizados.

El turno electoral del 2007 abrió la etapa de transición entre el gobierno de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández. Pero aquellas limitaciones del proyecto depositaron gran parte del triunfo electoral en dirigentes a los cuales el propio Néstor tuvo que enfrentar para llegar al gobierno y llevar a cabo las medidas que más consenso habían logrado en la sociedad. Vale recordar que en el 2005 el Frente para la Victoria enfrentó en la provincia de Bs.As. al Frente Justicialista y lo derrotó (45,77% Cristina a 20,43% Chiche Duhalde). El éxito logrado no empujó el desarrollo de una fuerza  que renovara la política y la dirigencia, sino a una táctica de aislamiento de Duhalde y absorción del duhaldismo. Allí comenzó el proceso que terminó con la asunción de Néstor Kirchner como presidente del PJ dada la necesidad de una gobernabilidad deshilachada por el poder que no se había construido, al menos, en forma suficiente. La ingeniería electoral exitosa había reemplazado a una estrategia de construcción de poder que la incluyera pero que no debería haberse reducido a ella.

Esa coalición política con eje en el viejo justicialismo, fue desarmando la renovación que iba tomando energía en su seno y debilitó la articulación inestable de peronistas, izquierda democrática, centro izquierda, que no llegaba a constituirse en una fuerza pero que coaligaba con los deseos de cambio de una parte de la sociedad. Preanunció  así los límites del proceso y minó la confianza de parte importante de nuestra sociedad.

Junto con ello se dieron batallas justas, como enfrentar la inflación con formas y métodos que los grupos concentrados de la economía, los aliados de los acreedores de Argentina y los grandes medios de comunicación, utilizaron para deslegitimar, ya no solo los índices de la inflación, sino la percepción de la gente sobre el gobierno. Cada uno en su economía doméstica experimentó la suba de precios pero el gobierno lo niega, por lo tanto, deja de ser un gobierno creíble también en otros terrenos.

La coalición social que había dado sostén al gobierno de Néstor Kirchner mutaba, se debilitaba, y así se llega al debate sobre las retenciones móviles. Aquí no discutimos la justeza de apropiación del Estado de la renta extraordinaria, sino si la estrategia planteada era la correcta, ya que por varios años no se había desplegado una política hacia los pequeños y medianos productores del campo, tanto para estimular la producción, como para que no se convirtieran mayoritariamente en rentistas y asocien su suerte a los pooles de siembra. Por lo tanto, cuál era la correlación de fuerzas en la sociedad y en el propio espacio para dar una batalla tan importante. La creencia  inexacta en algunos funcionarios de que la sociedad rural era rápidamente encuadrable dentro de una negociación por separado solo ahondó el déficit en las políticas de alianzas necesarias para discutir la renta extraordinaria de la tierra.

Antes de la votación en diputados y en el senado, en las calles y en los hogares de todos los niveles sociales, se percibía que el reclamo del campo, hegemonizado por los grupos de pooles y sus socios ( que logró emblocar a pequeños, medianos y grandes productores) tenía una amplia legitimación. Mientras que los argumentos justos y apropiados desde el gobierno no eran escuchados, y aquellos que sostenían la propuesta (aun con mejoras) de la resolución 125 no estaban a la ofensiva sino que resistían el embate del bloque de poder. Que inteligentemente utilizo un  rostro popular para ampliar su base de sustentación.

FotoEl Frente Opositor dirigido por las derechas (de distinto tipo y no solo la golpista u oligárquica) logró expresar sus intereses, como en otras ocasiones en la historia nacional, como si fueran los de la Nación toda. Incluso, conquistó el apoyo oportunista de sectores de la izquierda, también imagen repetida en diversas ocasiones de nuestra tradición política. La peor conclusión sería “enojarse con la gente”  y no tomar en cuenta la inmensa batalla político-cultural que tenemos por delante y para la cual necesitamos más politización de la sociedad y más participación. Dotarnos de una visión sobre la democracia no delegativa mas profunda , que impulse la organización plural de nuestro pueblo, como forma y contenido de la nueva mayoría que hay que reconstruir.

Se ha generado  una lectura superficial que solo advierte una deficiencia de la comunicación o de los comunicadores desde el gobierno y quienes lo apoyan. Es una deformación por que al ponerla como eje del problema solo termina eludiendo mirar en profundidad la experiencia y obstaculiza la posibilidad de que ella nos sirva para mirar hacia delante con espíritu transformador y sin abandonar las convicciones.

Entonces, ¿hacia dónde vamos? Estamos ante una encrucijada; o el movimiento popular y su gobierno profundizan el proceso abierto, partiendo de que las transformaciones que se plantean necesitan no solo coraje, sino la inteligencia para lograr las correlaciones de fuerzas aptas para transformarlas en realidades, y no en derrotas parciales que impongan retrasos estratégicos; o, acuerdan la gobernabilidad con el poder permanente y con las grandes corporaciones, cediendo a la tentación de rearmar el viejo sistema político, que en estos días declara Duhalde cuando señala que hay que recrear el bipartidismo de PJ-UCR.

Esta en juego el rumbo. No tal o cual medida. Exige retomar iniciativa instalando una agenda pública y de gestión que apunte a consolidar los ejes del modelo productivo e inclusivo. Y que ello nos ayude a remodelar los causes por los cuales se expresen las mayorías que queremos construir. 
Por supuesto, las acechanzas son mayores. Pero también sería un error, ante la ofensiva de la derecha, encerrarse sobre sí mismos, recluirse en el PJ, su interna y conspiraciones, y distanciarse más de la ciudadanía. Hay que apelar al contenido original de la propuesta, estimular sus fuerzas, convocar a una coalición mas abierta. Sin que ello sea entendido como asumir la agenda de la derecha, sino la capacidad de alcanzar confluencia política y social. Rehuir la concepción de ciudadela sitiada que solo busca fieles y traidores, que convierte el microclima del poder en visión de la sociedad.

Ciertos llamados a la “racionalidad” pos derrota en el congreso ocultan que en realidad convocan a concertar con los grupos mas poderosos de la argentina. Enuncian un camino de reforma sin conflicto, es decir sin tocar intereses y perdiendo autonomía ante ellos. En suma desandar los mejor que ha tenido el gobierno de los Kirchner. Para ello anuncian que los ahora “demonizados” serán recibidos con aplausos… por el poder permanente y las corporaciones.

Si se opta por la gobernabilidad con la derecha, se podrá o no terminar el mandato felizmente. Pero el sentido principal que le dieron Néstor y Cristina a su proyecto habrá sido hipotecado y el 2011 será el retorno de las políticas neoliberales, mas allá de quien sea el candidato e incluso el partido.
Pero si se opta por asumir la derrota parcial, desdramatizamos haber perdido una votación y prestamos atención al debate mas profundo de hacia dónde vamos, están dadas las condiciones para generar una cultura del cambio, una modificación de los lastres ideológicos y políticos que nos dejaron los 90, cambiar la correlación de fuerzas y construir poder democrático y transformador. Es también un camino donde existirán serios conflictos, pero no hay cambio, no hay redistribución de la riqueza, no hay mejor democracia, sino se tocan intereses. Y nadie, ya lo sabemos, abandonará los privilegios que logró después de tanto genocidio, de tanto menemismo, de tanta destrucción del patrimonio nacional, sin dar batalla. Nuestra justificación histórica y la coherencia de nuestros pensamientos se juegan allí. También el futuro de los argentinos.

Alejandro Mosquera, 27/07/2008

 

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Comentarios

 

Mario dijo:

Esta bien, pero de mientras nosotros, los civiles que acompañamos este proceso que hacemos?. La derrota sufrida no es anecdotica, ni puede minimizarse, se trata de la conclusion logica de una lectura politica erronea basada en una fenomenal soberbia que detras de una correcta definicion, fracaso rotundamente en el desarrollo y la conclusion, no era un pelea ganable, no es un conflicto sectorial o parcial, es la discucion de un modelo desde su mas amplia concepcion, el modelo de una nacion, pusimos, y ese es mi mayor acuerdo con el kirchnerismo, en discucion la solidez de este modelo, el de la concentracion de principios, medios y fines, que es el mismo que dio pie a todos los procesos de politicos desde el 30 hasta hoy, pasando por videla y menem, no es cierto que logramos salir del neoliberalismo, no es cierto que logramos recrear una conciencia colectiva donde antes no la hubo, y no le asigno ningun error al gobierno o a sus funcionarios, mas alla del nivel que han y siguen demostrando, no se puede encarar un proceso revolucionario desde el mismo sistema que, sin mas, tiende a defenderse, y lo que se puso en debate es exactamente eso, este sistema, este capitalismo berreta, suntuoso y prebendatario. No habia manera de ganar, mas alla de Cobos en la oposicion y Fernandez en el gobierno?, pero habia que iniciar el camino de la movilizacion popular para cambiar lo cambiable, y probablemente sea este el aspecto mas dramatico de la derrota, este sea el retroceso del que debieramos haber escapado. Nuestro esquema de cambio dependio y asi nos fue, de los padres de patria del senado, me eximo de hacer nombres, dependio de la fortaleza de un manejo adecuado de los medios, que no tuvimos, y asi aislado la pelea de la "gente" contra el peronismo fue sencilla. No es que yo sepa o sospeche para donde hay que ir, me refugio en mi condicion de civil, pero parafraseando a Silvio " el sueño se hace a mano y sin permiso, harando el ñorvenir con viejos bueyes". Abrazos

 

 

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