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Rastros de la actualidad
LA CRISIS: ¿ESTADO PARA QUÉ?
ALejandro mosquera
La crisis financiera mundial transformada en una fenomenal crisis de la economía real globalizada, no sólo generó todo tipo de diagnósticos y pronósticos, sino, sobre todo, debates sobre el rumbo a tomar tanto en orden mundial como de cada país. Mientras ya se siente la descarga de la crisis sobre los países menos desarrollados y en el interior de cada país sobre la producción y el empleo, los sectores dominantes del mundo quieren aplicar su “sentido común” y la idea que el salvataje del mundo financiero tal cual lo conocemos es para beneficiar a todos. Hasta el presidente de EEUU critica esta mentira inventada por el poder económico, financiero y comunicacional. Pero en nuestro país (no podía ser de otra manera) los de siempre salen a la orden a tratar de explicar lo que ya no se puede esconder.
En su columna en el diario La Nación el Dr. Mariano Grondona lo dice claramente para que nadie se confunda. Allí, entre otras consideraciones, sostiene:
“En todo el mundo los Estados están interviniendo en los mercados. ¿Lo hacen para salvar al capitalismo o para abandonarlo? Cuando Obama intervino en el Citigroup, ¿intentaba rescatarlo o estatizarlo? La distinción es importante porque, si la intención de Obama y de otros gobernantes occidentales es salvar al City y a otras corporaciones en crisis, nos hallamos ante una nueva aplicación de la teoría keynesiana según la cual, cuando el capitalismo está en problemas, urge la intervención del Estado para rehabilitarlo. En caso contrario, lo que estarían haciendo Obama y los demás gobernantes occidentales sería avanzar en dirección del estatismo.
Esta supuesta "segunda intención", que no aparece por ninguna parte en el mundo desarrollado, se insinuó en cambio en la Argentina. Para tomar un caso, la confiscación de las AFJP fue una señal en dirección del estatismo porque no se intervino para salvar sino para despojar a los ahorristas privados.
Estas dudas ideológicas estaban en la mente de los ruralistas cuando ingresaban ayer en su segunda reunión con el Gobierno. Eduardo Buzzi recordó con cierta nostalgia la creación de las juntas de granos y de carnes en los años treinta pero esta creación no apuntó contra el campo sino en favor de él a partir de la fijación de los "precios sostén" que respaldaron a la iniciativa privada rural en otro momento de crisis como el actual. Las juntas, Obama y el propio Buzzi dejaron ver así una intención keynesiana: salvar al capitalismo, aunque fuera mediante la heterodoxia.”
Increíble que un hombre ideólogo de las políticas económica liberales en el país, adule a un dirigente de la Federación Agraria. O es muy miope o Buzzi se equivoca fiero.
Grondona sigue: “En tiempos de crisis, aumenta en todas partes la intervención del Estado en los mercados. Pero hay dos clases de intervención, una keynesiana y otra estatista. La intención de Obama, los gobiernos desarrollados y la Comisión de Enlace, es de la primera clase. ¿Es ésta, también, la intención de los Kirchner? ¿Cómo se resuelve en definitiva el dilema entre el Estado y el mercado? Aquí revolotean dos clases de fundamentalismo. El fundamentalismo liberal apuesta enfáticamente por el mercado mientras demoniza al Estado. El fundamentalismo estatista demoniza al mercado mientras canoniza al Estado. El mundo está virando hoy desde el liberalismo extremo de los años noventa hacia una postura más equilibrada. Pero el fabuloso desarrollo económico de nuestra civilización es la mezcla ponderada de dos factores concurrentes: de un lado, un Estado honesto y profesional; del otro, empresas privadas altamente competitivas como son, por ejemplo, las del campo argentino.”
Esta es una posición que, mas allá de agregados caricaturescos, expresa la opinión del poder financiero, de quienes se enriquecieron por las hipermillonarias transferencias de riquezas del sector productivos a los parásitos de la economía. Ni estos apologetas del libre mercado y el anti-estado niegan la necesidad de la intervención estatal. Pero no debe engañar su nuevo “sentido común”, la intervención que ellos pregonan es a favor de los grandes grupos económicos, de los bancos y de los negocios financieros, los mismos que generaron la burbuja que explotó en el mundo y la misma que explotó en el 2001 en la Argentina. Ellos pretenden que el ahorro de los argentinos expresados en la recaudación fiscal y en las reservadas logradas en estos últimos 6 años, sean puestas a favor del salvataje del sistema. En criollo: a favor de ellos. O sea, que los argentinos cubramos los rojos de los timberos financieros.
Cuando ellos critican el estatismo y tratan de poner en guardia a la gente contra la intervención estatal, están atacando otra forma de intervencionismo estatal que ponga su centro en la defensa de la producción, del empleo, del consumo de todos los argentinos. Ellos quieren apropiarse de los recursos que ponemos todos y para ello tienen que desacreditar cualquier otra intención de aplicar esos recursos para impulsar la economía real del país.
Sus recetas no sólo las conocemos, sino que las hemos padecido. Pueden disfrazarlas pero siempre están del mismo lugar del mostrador.
Es destacable escuchar las opiniones del economista Carlos Melconian, Director de M&S Consultores y candidato a diputado de Mauricio Macri, cuando señala en sus documentos de trabajo de su consultora que el gobierno gira desde “mas estado menos mercado” al hiperEstado, criticando duramente ese rumbo, afirmando que lo que va a ser el Gobierno de Cristina es intervenir para preservar el empleo, defender la producción nacional, intervenir desde el banco central para equilibrar el valor de las divisas. Es decir, él critica todo lo que la sociedad espera del gobierno.
En el mismo informe de fecha 5 de enero del 2009 afirma que el gobierno ante la crisis mundial se quiere mostrar como un buen piloto de tormenta. Uno se podría preguntar "¿Y?". También se respondería "¡Menos mal!". Porque con Melconian y sus amigos del CEMA, volveríamos a la dolarización de la economía como en los tiempos de la convertibilidad. O con Prat Gay, hombre de los negocios financieros hoy aliado de Carrió, pondríamos las reservas al servicio de ese barril sin fondo sobre la creencia de que el dinero produce más dinero, es decir, en la ruleta financiera, liquidando así la capacidad productiva del país.
Menos mal que el gobierno contradictorio, con diversos errores y límites que tantas veces señalamos, esta enmarcado en otra tendencia. Porque sino la crisis internacional nos derivaría en una catástrofe social. Ya la vivimos, es tiempo de no repetirla.
Alejandro Mosquera
10 de marzo 2009
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