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Rastros de la actualidad
La derecha en busca de un líder

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El domingo 1 de junio en su tradicional columna del diario La Nación el Dr. Mariano Grondona expresó el deseo de la derecha económica y social argentina. Allí, entre otras cuestiones menos fundamentales, resalta varios puntos claves de la visión y programática de este segmento de nuestra sociedad.

02Deslegitimación de la democracia y del Gobierno presidido por Cristina Fernández. Con ese rumbo sostiene el “periodista”: “Según las encuestas serias (…) la Presidenta se ha vuelto decididamente minoritaria.” Y a continuación señala que “la oposición sumada ya venció ajustadamente a Cristina en las elecciones de octubre”

Es evidente que el Dr. Grondona intenta reemplazar el voto de cada ciudadano por las encuestas. Y con ello trata de eludir que el gobierno de Cristina Fernández tiene la legitimidad que le da el voto popular de solo 6 meses atrás.

Apoya su autoritario razonamiento en las encuestas que, según la experiencia de los últimos años, actúan más como propaganda de tal o cual candidato o política en consonancia con los intereses de quienes las pagan. Pero ello sería una mera tontería como apoyo a su tesis, sino fuera por lo que se esta construyendo. Un discurso autoritario con el cual estimular pasos para debilitar al actual gobierno, frente a la presión de los que siempre gobernaron desde el poder permanente y hoy se sienten desplazados por las políticas actuales.

Acusación de autoritarismo a la coalición gobernante. Para ello recurre a un ensayo de Gaetano Mosca donde el periodista toma la concepción de que minoría organizada vence a una mayoría desorganizada. Es decir, sostiene que se hizo del poder político una minoría y no la mayoría que “ya había vencido a Cristina”. Este ha sido el argumento de los golpistas de toda calaña en América Latina cuando se levantaron contra los gobiernos constitucionales. Siempre hablaron en nombre de mayorías silenciosas, de expresar a la Nación. Según Grondona, Néstor Kirchner presidiría una militancia organizada que dada su disciplina puede controlar momentáneamente la situación. A menos que la oposición política le haga caso a su solución unitaria.
Por supuesto que el análisis no es ingenuo. Intenta pintar un panorama donde esa minoría organizada sería capaz de cualquier cosa con tal de retener el poder. En la nota que analizamos sostiene: “No debe subestimarse por otra parte el empeño combativo del propio Kirchner. Si se siente arrinconado, ¿qué armas estará dispuesto a usar?” Más adelante agrega: “¿Se inclinará entonces el ex presidente a pensar que lo que viene no es una competencia democrática por el poder, sino una ruleta rusa a todo o nada?”

Es verdad que la primera tentación es contestar la barbaridad del argumento señalando sino ha sido siempre el pueblo el que ha pagado con vidas, sufrimiento, expropiaciones a su trabajo, a su salario, a sus casas, a sus familias por parte de los “democráticos golpista” que siempre apoyó Grondona. Pero ello implicaría demonizarlo y no prestar atención a lo peligroso del razonamiento.

El centro de la intención en esta parte es llamar a prepararse para una batalla que, según ella, sería obligada por la “posición combativa” de Kirchner, en un terreno que no sería la discusión democrática, el disenso, la votación, sino otro obligado por las circunstancias impuestas desde el gobierno o de la coalición gobernante. ¿A quién le habla Grondona? ¿A un virtual partido militar como en otras épocas? ¿A una convergencia de derecha e izquierdas guarecidas bajo la fuerza de nuevos lock out patronales? Es difícil precisar, pero es indudable el sentido antidemocrático y violento del llamamiento escondido en formas de preguntas sobre la futura actuación de Kirchner.

Construir una gran unidad “democrática”. Como no podía ser de otra forma el profesor liberal-conservador Grondona disfrazado de periodista “independiente” llama a toda la oposición a unirse bajo un liderazgo fuerte para hacer gobierno a esa mayoría desorganizada. Plantea como tantos otros la constitución de dos partidos de gobierno que se alternen y que, sobre todo, tengan en común políticas de estado. Este último no es un argumento novedoso, lo han proclamado tanto desde la derecha como desde el progresismo, desconociendo el multifacético y diverso campo político y social argentino. Lo lamentable es que el “progresismo” no advierta o no quiera advertir, que las políticas de estado de las que se hablan nada tienen que ver con el reclamo del sentido común de la gente. Por el contrario, la derecha sueña con dos partidos clonados que en conjunto garanticen la estabilidad del sistema, en castellano: de sus hiperganancias, de la altísima concentración de la riqueza, de la desigualdad vergonzosa que todavía vivimos, de la impunidad de genocidas y torturadores. Estado fuerte con los débiles, Estado mafioso para la patria contratista, Estado subordinado frente a los grandes grupos concentrados, Estado garante del aislamiento de los gobiernos populares de América Latina.
Para este cometido Grondona exige a la oposición que se ponga de acuerdo en un líder, ¿Carrió? ¿Macri? ¿Puerta? ¿el peronismo republicano de los Menem, Duhalde, Romero, Rodríguez Saa? ¿la fuerza del campo, o sea, algún representante de los pool de siembra mientras utilizan a los chacareros que arrendaron sus campos como fuerza militante? Y para vergüenza de quienes lo respetamos profundamente nombra, seguramente sin su consentimiento, a Hermes Binner.

Además de la falta de líder, Grondona señala las condiciones favorables para esta unidad, descaradamente señala: “…el tercer factor favorable a la oposición es otro que nadie juzga favorable para el país: la creciente inflación”. Habría que recordar que la inflación tiene como un derivado directo un deterioro de los ingresos de los sectores del trabajo y la producción, pero también significa una redistribución de riqueza a favor de aquellos que se benefician especulando con ella. Es increíble pero con toda claridad Grondona proclama que para que su programática y plan de acción funcionen le tiene que ir muy mal al país.

Nos debemos un debate. Es evidente que la izquierda se debe un debate en torno al porqué después de tantos años de neoliberalismo, a más de 30 años del genocidio que nos tuvo como presa fundamental, después de tantos errores y engaños, haya una parte de esta cultura política de gran importancia en la historia argentina, enmarañada con quienes desde la oscuridad, desde sus oficinas en la City, empujan a que el reclamo de un sector significativo del campo, sostenga sus hiperganancias y los ayuden en este intento de deslegitimación de un gobierno popular.

Conclusión. Seguramente el peso de Grondona ya no es el que tuvo en su apogeo sobre la opinión pública. Pero aquí no estamos hablando de él. Sino de un discurso peligroso por su esencia antidemocrática. Sería una ingenuidad que por los límites del emisor, no veamos el contenido del mensaje.

 

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