
RASTROS DE LA ACTUALIDAD
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Rastros de la actualidad
Democracia, participación y sociedad de masas mediatizada
Alejandro Mosquera

Los cambios sin cesar en los instrumentos comunicacionales, la velocidad de la información masiva, repetitiva, con espacios que rompen las censuras de antaño, generaron la utopía de una sociedad más participativa. En nuestro país se conjuga con la permanencia de una crisis de representatividad de los partidos políticos nacidos bajo el molde del siglo XX. Viejas estructuras que no pueden dar cuenta de dirigentes que no se atan a compromisos colectivos, y dirigentes políticos que convierten el escenario mediático en la única forma de generación -ilusoria- de poder. La participación, tanto desde redes sociales virtuales como de los grupos asociados por intereses, no logra todavía convertirlos en actores decisorios de la cosa pública. Así el ensanchamiento del campo participativo no generó mas participación con capacidad de poder.
De alguna manera, si no se logra revertir esta cuestión medular, se convierte en el participacionismo permitido que muestra que estamos en una democracia del poder permanente sin pueblo.
¿Cómo, entonces, generar una mejor democracia que permita que las nuevas formas intervengan con poder decisorio de una ciudadanía mas plena?
En una sociedad como la nuestra con débiles instituciones, también corroídas por el descrédito, el poder mediático se convirtió por acción o de hecho en poder manipulador. En un período de transición desde la cultura nacida del neoliberalismo, de un capitalismo salvaje, de una visión del éxito sin importar los valores y el camino, hacia otras formas de estado, democracia y poder, el peso de la cultura conservadora y delegativa ahora se expresa como el aval de líderes de derecha sostenidos en el dinero y en su proyección mediática.
¿Cómo, entonces, transita la experiencia nuestro pueblo para poder construir conciencia de que sólo podremos vivir mejor si Argentina es mejor, más justa? ¿Cómo transitar el reconocimiento de que es inmoral, antihumano para el vecino de Caballito que muera un chico de hambre en Corrientes? Y, además, se mueren 30 por día.
Los procesos de cambio necesitan generar causas que expresen a mayorías. Durante los 90 al pensamiento sectario y testimonial de una parte de la izquierda, se le contrapuso una centroizquierda light que apareció como la alternativa “viable” ante el derrumbe de los grandes y pequeños partidos. Ni una ni otra dio respuesta y se mostraron como caminos de encierro de las causas nobles que empujaban.
Es que la democracia es un terreno de conflicto y se baten en ella las ideas fuertes. La idea de un país normal, de soluciones sin violencia, quiso ser entendida como una democracia sin conflicto. Pero sólo concebirla así, o bien deja de ser democracia, o es el intento de rendir los intereses populares ante el altar de las migajas del poder real.
La democracia es una camino, nunca se acaba de construir. Y en países como el nuestro donde existe tanta injusticia y desigualdad en la distribución de la riqueza, el poder y el conocimiento es sobre todo el cuestionamiento a las causas de esa realidad.
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