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Historia detrás de la foto
CRY FREEDOM
ALMACEN DE RASTROS

Millones de voces se levantaron en el mundo pidiendo la libertad de Nelson Mandela (Nelson Rolihlahla Mandela) detenido por 27 años en Sudáfrica por su prédica y lucha por los derechos del pueblo.
El 18 de julio cumplió 90 años y como un homenaje a él y los miles de mujeres y hombres que escribieron una página tan digna del siglo pasado en las tierras de África, reproducimos aquí su defensa en el juicio que se le llevo a cabo en el ’64. Como otras veces en la historia humana, aquel oscuro lugar se convirtió en una tribuna para su causa y por la vigencia de los derechos humanos. También para señalar al régimen del apartheid y los países que lo apoyaban como responsables de los más crueles crímenes contra el pueblo sudafricano.
Tengo una licenciatura en Artes y he practicado como abogado en Johannesburgo durante varios años en colaboración con Oliver Tambo. Soy un preso condenado a cinco años por haber salido del país sin permiso y por incitar a la gente a ir a un paro a finales de mayo de 1961.
En primer lugar, quiero decir que la sugerencia hecha por el Estado en su introducción sobre que la lucha en Sudáfrica está bajo la influencia de extranjeros o de comunistas es totalmente incorrecta. He hecho todo lo que hice, como individuo y como líder de mi pueblo, por mi experiencia en Sudáfrica y por mi propio orgullo de sentir mis antecedentes africanos, y no por lo que cualquier extraño pudo haber dicho.
En mi juventud en el Transkei escuchaba a los ancianos de mi tribu contando historias de los viejos tiempos. Entre las historias estaban las de las guerras libradas por nuestros antepasados en defensa de la patria. Los nombres de Dingane y Bambata, Hintsa y Makana, Squngthi y Dalasile, Moshoeshoe y Sekhukhuni, fueron elogiados como la gloria de toda la nación africana. Yo esperaba –entonces– que la vida pudiera ofrecerme la oportunidad de servir a mi pueblo y de realizar mi propia humilde contribución a su lucha por la libertad. Esto es lo que me ha motivado en todo lo que he hecho en relación con los cargos formulados contra mí en este caso.
Dicho esto, debo tratar largo y tendido con la cuestión de la violencia. Algunas de las cosas dichas hasta el momento a la Corte son verdaderas y algunas son falsas. Sin embargo, no negaré que he planificado un sabotaje. No lo planeé con espíritu de temeridad, ni tampoco por amor a la violencia. Lo planeé como resultado de una tranquila y sobria evaluación de la situación política que surgió después de muchos años de tiranía, explotación y opresión hacia mi pueblo por parte de los blancos.
Inmediatamente, reconozco que yo fui una de las personas que ayudaron a formar Umkhonto we Sizwe, y que desempeñé un papel prominente en sus asuntos hasta que fui detenido en agosto de 1962.
Ya he mencionado que fui una de las personas que ayudaron a formar Umkhonto. Yo –y los demás que iniciamos la organización– lo hicimos por dos razones. En primer lugar, creíamos que como resultado de la política del Gobierno, la violencia entre los africanos se había convertido en inevitable, y que, a menos que un liderazgo responsable se diera para canalizar y controlar los sentimientos de nuestro pueblo, habría brotes de terrorismo que producirían intensa amargura y hostilidad entre las diversas razas de este país. En segundo lugar, consideramos que sin violencia no habría manera de tener éxito en nuestra lucha en contra del principio de la supremacía blanca. Todos los legítimos métodos de expresar la oposición a este principio se habían cerrado por la legislación y fuimos colocados en una posición en la cual teníamos que aceptar un estado permanente de inferioridad, o bien desafiar al Gobierno. Elegimos desafiar la ley. Primero, violamos la ley de una manera que evitara cualquier uso de la violencia; pero estas formas pacíficas (nota del traductor: huelgas, sabotajes y actos desobediencia cívica) se criminalizaron penalmente. Luego el Gobierno recurrió al uso de fuerza para aplastar la oposición hacia sus políticas. Sólo entonces decidimos responder a la violencia con violencia.
Pero la violencia que decidimos adoptar no era el terrorismo. Quienes formamos Umkhonto éramos todos miembros del Congreso Nacional Africano, y teníamos detrás nuestro la tradición del CNA sobre la no violencia y la negociación como medio para resolver las controversias políticas. Creemos que Sudáfrica pertenece a todos quienes que viven en ella y no a un grupo, ya sea blanco o negro. No queríamos una guerra interracial y tratamos de evitarla hasta el último minuto. El Congreso Nacional Africano se formó en 1912 para defender los derechos de los africanos que se vieron gravemente mermados por la Ley de Sudáfrica, y que luego se vieron amenazados por la Ley de Tierras Nativas. Durante treinta y siete años –es decir, hasta 1949– adherimos estrictamente a una lucha constitucional. Presentamos demandas y resoluciones, enviamos delegaciones al Gobierno en la creencia de que los reclamos africanos se resolverían por medios pacíficos de discusión y que los africanos avanzarían gradualmente hacia el uso de sus plenos derechos políticos. Pero los gobiernos de los blancos se mantuvieron impasibles y los derechos de los africanos disminuyeron en lugar de aumentar. En palabras de mi líder, el Jefe Lutuli, quien se convirtió en Presidente del Congreso Nacional Africano en 1952 y que más tarde fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz:
“… ¿quién va a negar que durante treinta años de mi vida se desperdiciaron en golpear en vano, pacientemente, moderada y modestamente una puerta cerrada y prohibida? ¿Cuáles han sido los frutos de la moderación? Los últimos treinta años han visto el mayor número de leyes que restringen nuestros derechos y el progreso; al día de hoy hemos alcanzado una etapa en la que casi no tenemos derecho a nada…".
Incluso después de 1949, el CNA sigue decidido a evitar la violencia. Sin embargo, actualmente, se produjo un cambio en los medios de protesta estrictamente constitucionales que habían sido empleados en el pasado. El cambio se plasmó en una decisión que se tomó para protestar contra la legislación del apartheid por medio de manifestaciones pacíficas, pero ilegales, en contra de ciertas leyes. De conformidad con esta política el CNA lanzó la Campaña Desafío, en el que fui puesto como encargado de los voluntarios. Esta campaña se basó en los principios de resistencia pasiva. Más de 8.500 personas desafiaron las leyes del apartheid y fueron a la cárcel. Sin embargo, no hubo un sólo caso de violencia en el curso de esta campaña por parte de cualquier desafiante. Yo, junto con diecinueve colegas, fuimos condenados por el papel que desempeñamos en la organización de la campaña, pero nuestras sentencias fueron suspendidas debido, principalmente, a que el juez consideró que se había puesto acento en la disciplina y en la no violencia.
En 1956, 156 miembros líderes del Congreso de la Alianza, incluido yo mismo, fuimos detenidos bajo la acusación de alta traición y bajo cargos en virtud de la Ley de represión al Comunismo. La política no-violenta del CNA fue puesta en cuestión por el Estado, pero cuando la Corte dictó sentencia, unos cinco años más tarde, se encontró con que el CNA no tenía una política de la violencia. Fuimos absueltos de todos los cargos, que incluían uno que manifestaba que el CNA trataba de establecer un estado comunista en lugar del régimen del momento. El Gobierno siempre ha tratado de etiquetar todos sus opositores como comunistas. Esta afirmación se ha repetido en el presente caso pero, como lo demostraré, el CNA no es, y nunca lo ha sido, una organización comunista.
En 1960 se produjo el tiroteo en Sharpeville, que dio lugar a la proclamación del estado de emergencia y la declaración del CNA como organización ilícita. Mis colegas y yo, después de una consideración cuidadosa, decidimos que no obedeceríamos este decreto. El pueblo africano no formaba parte del Gobierno y no hacía las leyes por las que se regían. Creímos en las palabras de la Declaración Universal de Derechos Humanos, sobre que «la voluntad del pueblo es la base de la autoridad del Gobierno» y para nosotros aceptar la prohibición equivalía a aceptar el silencio de los africanos para siempre. En 1960 el Gobierno celebró un referéndum que condujo al establecimiento de la República Blanca. Africans, who constituted approximately 70 per cent of the population of South Africa, were not entitled to vote, and were not even consulted about the proposed constitutional change. Los africanos, que constituíamos aproximadamente el 70 % de la población de Sudáfrica, no teníamos derecho a voto y ni siquiera éramos consultados sobre el cambio constitucional propuesto. Todos sentíamos aprensión respecto de nuestro futuro en el proyecto de la República Blanca.
¿Qué debíamos hacer nosotros, los dirigentes de nuestro pueblo? ¿Debíamos ceder ante la demostración de fuerza y la amenaza implícita contra la acción futura, o debíamos luchar contra ella? Y, en caso afirmativo, ¿cómo?
No teníamos duda de que teníamos que continuar la lucha. Cualquier otra cosa habría sido la entrega más absoluta. Nuestro problema no era luchar, sino cómo continuar la lucha. Los del CNA siempre defendimos una democracia sin distinciones raciales, y nos apartamos de cualquier acción que pudiera conducir a las razas a enfrentarse más de lo que ya estaban. Pero los hechos difíciles fueron que cincuenta años de no violencia trajeron al pueblo africano nada más que legislación represiva, y menos derechos. Tal vez no sea fácil para el Tribunal de Primera Instancia entender, pero es un hecho que durante mucho tiempo la gente estuviera hablando de violencia –del día cuando luchara contra el hombre blanco y recuperara su país– y nosotros, los dirigentes del CNA, sin embargo, hicimos prevalecer siempre sobre ellos el evitar la violencia y buscar métodos pacíficos.
A principios de junio de 1961, después de una larga y ansiosa evaluación de la situación de Sudáfrica, junto con algunos colegas, llegamos a la conclusión de que como la violencia era inevitable en este país, sería poco realista e inadecuado –para los líderes africanos– continuar la predicación la paz y la no-violencia en un momento en que el Gobierno respondía a nuestras peticiones de paz por medio de la fuerza.
No fue fácil llegar a esta conclusión. Fue sólo cuando todo lo demás había fracasado, cuando todos los canales de protesta pacífica se nos prohibieron, que se tomó la decisión de emprender formas violentas de lucha política y formar Umkhonto we Sizwe.
Como resultado de esta decisión, Umkhonto se formó en noviembre de 1961. Cuando tomamos esta decisión y, posteriormente, formulamos nuestros planes, la herencia del CNA sobre no violencia y armonía racial estaba con nosotros. Nos parecía que el país estaba derivándose hacia una guerra civil en la que negros y blancos lucharían entre sí. Vimos la situación con alarma. La guerra civil significaría la destrucción de lo que era el CNA; con la guerra civil, la paz racial sería más difícil de lograr que nunca. Ya tenemos ejemplos en la historia de Sudáfrica de los resultados de la guerra. Se ha tardado más de cincuenta años para que desaparecieran las cicatrices de la guerra entre los boers y los afrikaners? ¿Cuánto tiempo más haría falta para erradicar las cicatrices de la guerra civil interracial, que no podía ser combatida sin una gran pérdida de vidas en ambos lados?
La idea de evitar la guerra civil dominaba nuestro pensamiento desde hacía muchos años, pero cuando nos decidimos a adoptar la violencia como parte de nuestra política, nos dimos cuenta de que era posible de que un día tendríamos que hacer frente a la prospectiva de esa guerra. Eran posibles cuatro formas de violencia. Hay sabotaje, guerra de guerrillas, terrorismo y revolución abierta. We chose to adopt the first method and to exhaust it before taking any other decision.Optamos por adoptar el primer método hasta las últimas consecuencias antes de tomar cualquier otra decisión.
Era la elección lógica a la luz de nuestra política de fondo. El sabotaje no implicaba la pérdida de vidas y ofrecía una óptima esperanza para futuras relaciones interraciales. La amargura se limitaría al mínimo y si la política daba sus frutos, se convertiría en realidad un gobierno democrático.
Umkhonto tuvo su primera operación el 16 de diciembre de 1961, cuando fueron atacados los edificios del Gobierno de Johannesburgo, Port Elizabeth y Durban. La selección de objetivos es una prueba de la política a la que me he referido. Si hubiésemos intentado atacar vidas hubiéramos seleccionado objetivos con personas congregadas y no edificios vacíos y centrales eléctricas.
El Manifiesto de Umkhonto se publicó el día en que comenzaron las operaciones. La respuesta a nuestras acciones y hacia el Manifiesto entre la población blanca fue característicamente violento. El Gobierno amenazó con tomar medidas enérgicas y exhortó a sus partidarios a mantenerse firmes y hacer caso omiso de las demandas de los africanos. Los blancos no respondieron sugiriendo el cambio, sino que respondieron a nuestro llamamiento al sugerir la hostilidad intimidatoria.
En contraste, la respuesta de los africanos fue de aliento. De pronto, nuevamente existió la esperanza. Las cosas estaban sucediendo. La gente en los pueblos se convirtió en militantes ávidos de noticias. Una gran parte del entusiasmo generado por los éxitos iniciales hizo que la gente comenzara a especular sobre qué tan pronto obtendría la libertad.
El 21 de marzo de 1960, sesenta y nueve africanos desarmados murieron en Sharpeville.
¿Cuántos más Sharpevilles habría en la historia de nuestro país? ¿Y cuántos más Sharpevilles podrían soportar el país sin que la violencia y el terror estuvieran a la orden del día? ¿Y qué le sucedería a nuestro pueblo cuando esa etapa llegara? A la larga estábamos seguros de tener éxito, pero ¿a qué costo para nosotros y el resto del país? Y si esto ocurriera, ¿cómo sería posible que negros y blancos viviéramos nuevamente juntos en paz y armonía? Estos eran los problemas que nos enfrentaba y éstas nuestras decisiones.
La experiencia nos convenció de que la rebelión ofrecería al Gobierno ilimitadas oportunidades para la masacre indiscriminada de nuestro pueblo. Pero precisamente porque la tierra de Sudáfrica ya está empapada con sangre de africanos inocentes era que sentíamos que nuestro deber era hacer los preparativos –como una empresa a largo plazo– a fin de utilizar la fuerza en lugar de defendernos contra la fuerza. Si las guerras eran inevitables, queríamos que la lucha se llevara a cabo en las condiciones más favorables para nuestro pueblo. La lucha que mantenían las mejores perspectivas para nosotros y el menor riesgo de vida para ambas partes era la guerra de guerrillas. Por lo tanto decidimos, en nuestros preparativos para el futuro, prever la posibilidad de este método.
En esta etapa se decidió que yo debía asistir a la Conferencia Pan Africana para la Libertad del Movimiento Central, Oriental y Meridional, que se celebró a principios de 1962 en Addis Abeba, y, debido a nuestra necesidad de preparación, se decidió también que, después de la conferencia, realizaría una gira por los estados africanos con miras a obtener facilidades para la formación de soldados, y que yo también solicitaría becas para la educación superior de los matriculados africanos. La formación en ambos campos sería necesaria, incluso si los cambios se produjeran por medios pacíficos. Era necesario que los administradores estuviesen dispuestos y en condiciones de administrar un Estado no-racial y controlar el ejército y la policía de ese Estado.
Es en esta nota que me fui de Sudáfrica a Addis Abeba, como delegado del Congreso Nacional Africano. Mi visita fue un éxito. Cuando me fui encontré simpatía por nuestra causa y promesas de ayuda. Toda África estaba unida en contra de la postura de la Sudáfrica blanca, e incluso en Londres, fui recibido con gran simpatía por los dirigentes políticos, como el Sr. Gaitskell y el Sr. Grimond.
Empecé a hacer un estudio del arte de la guerra y la revolución y, al mismo tiempo en el extranjero, me sometí a un curso de entrenamiento militar. Si no se iba a la guerra de guerrillas, quería ser capaz de luchar de pie y con mi pueblo y para compartir los peligros de la guerra con ellos. También hice arreglos para que nuestros reclutas se sometieran a entrenamiento militar. Regresé a Sudáfrica e informé a mis colegas sobre los resultados de mi viaje. A mi regreso encontré que hubo pocos cambios en la escena política a excepción de la amenaza de pena de muerte por sabotaje que se había convertido en un hecho. La actitud de mis colegas de Umkhonto era muy similar a como había sido antes de que yo partiera. Ellos tomaban su camino con cautela y consideraron que pasaría un largo trecho antes de que las posibilidades de sabotaje se agotaran. De hecho, se expresó la opinión de algunos sobre que la formación de los reclutas era prematura. Esto fue grabado por mí en el documento R.14. Después de un extenso debate, sin embargo, se decidió seguir adelante con los planes de entrenamiento militar por el hecho de que tomaría muchos años para construir un núcleo suficiente de soldados entrenados para iniciar una campaña de guerrilla, y todo lo que sucediera sería valioso. Me fui al extranjero el 11 de enero de 1962. Como ya se indicó regresé en julio de 1962 y fui arrestado en Natal, el 5 de agosto.
Otra de las denuncias formuladas por el Estado es que los fines y objetivos del CNA y del Partido Comunista son los mismos. Deseo hacer frente a esto, y con mi propia posición política, porque debo asumir que el Estado puede tratar de argumentar, a partir de determinadas exposiciones, que he intentado introducir el marxismo en el CNA. La acusación en cuanto al CNA es falsa. Esta es una vieja acusación que fue desmentida. El credo ideológico del CNA es, y siempre ha sido, el credo del nacionalismo africano. El más importante documento político aprobado por el CNA es la Carta de la Libertad. No es en absoluto un plan para un estado socialista. Hace un llamamiento para la redistribución pero no para la nacionalización de la tierra; prevé la nacionalización de las minas, bancos y la industria. El CNA nunca, en ningún período de su historia, abogó por un cambio revolucionario en la estructura económica del país, como tampoco, recuerdo que condenara a la sociedad capitalista.
El CNA, a diferencia del Partido Comunista, sólo admite africanos como miembros. Su principal objetivo era y es, ganar la unidad y los plenos derechos políticos del pueblo africano. Para el Partido Comunista el objetivo principal, por el contrario, es eliminar a los capitalistas y reemplazarlos por la dictadura del proletariado. El Partido Comunista trató de hacer hincapié en las distinciones de clase, mientras que el CNA pretende armonizarlos. Se trata de una distinción fundamental.
Es cierto que ha habido, a menudo, una estrecha cooperación entre el CNA y el Partido Comunista. Pero la cooperación no es más que una prueba de un objetivo común –en este caso la eliminación de la supremacía blanca– y no es prueba de una completa comunidad de intereses.
La historia del mundo está llena de ejemplos similares. Tal vez el ejemplo más llamativo se encuentra en la cooperación entre Gran Bretaña, los Estados Unidos de América y la Unión Soviética en la lucha contra Hitler. Nadie, salvo Hitler, se ha atrevido a sugerir que dicha cooperación convirtió a Churchill o a Roosevelt en comunistas o en herramientas comunistas, o que Gran Bretaña y los Estados Unidos estaban trabajando para lograr un mundo comunista.
Me incorporé al CNA en 1944, y en mis días jóvenes mantenía la opinión de que la política de admitir comunistas al CNA y la estrecha cooperación que existía a veces en cuestiones específicas entre el CNA y el Partido Comunista, llevaría a un debilitamiento del concepto de nacionalismo africano. En ese momento yo era un miembro de la Liga Juvenil del Congreso Nacional Africano y fui uno de los miembros del grupo que se movió por la expulsión de los comunistas del CNA. Esta propuesta fue derrotada en gran medida. Tal vez sea difícil para los sudafricanos blancos, con un arraigado prejuicio contra el comunismo, comprender por qué los políticos experimentados de África aceptan fácilmente a los comunistas como sus amigos. Pero para nosotros la razón es obvia. Theoretical differences amongst those fighting against oppression is a luxury we cannot afford at this stage. Las diferencias teóricas entre los que luchamos contra la opresión es un lujo que no nos podemos permitir en este momento. Es más: durante muchas décadas los comunistas fueron el único grupo político en Sudáfrica que estuvo dispuesto a tratar a los africanos como seres humanos y como sus iguales; que estaban dispuestos a comer con nosotros; a hablar con nosotros, a vivir con nosotros, y a trabajar con nosotros. Ellos fueron el único grupo político que estaba dispuesto a trabajar con los africanos para el logro de los derechos políticos y lograr una participación en la sociedad. Debido a esto, hay muchos africanos que hoy tienden a equiparar la libertad con el comunismo. They are supported in this belief by a legislature which brands all exponents of democratic government and African freedom as communists and bans many of them (who are not communists) under the Suppression of Communism Act.It is not only in internal politics that we count communists as amongst those who support our cause.No es sólo en la política interna que contamos comunistas como aquellos que apoyan nuestra causa. En el ámbito internacional, los países comunistas siempre han venido en nuestra ayuda. In the United Nations and other Councils of the world the communist bloc has supported the Afro-Asian struggle against colonialism and often seems to be more sympathetic to our plight than some of the Western powers.En las Naciones Unidas y en otros Consejos del mundo el bloque comunista ha apoyado la lucha Afro-Asiática contra el colonialismo y, a menudo, parece ser más favorable a nuestra difícil situación que algunas de las potencias occidentales. Aunque hay una condena universal del apartheid, el bloque comunista habla en contra de él con una voz más fuerte que la mayoría del mundo blanco.
Me referiré ahora a mi propia posición. He negado que sea un comunista, y creo que en las circunstancias me veo obligado a precisar lo que son mis convicciones políticas. Siempre me he considerado, en primer lugar, un patriota africano. Después de todo, nací en Umtata, hace cuarenta y seis años. Mi tutor era mi primo, que era el jefe supremo actuante de Tembuland, y estoy relacionado tanto con el actual jefe de Tembuland, Dalindyebo Sabata, como con el Kaizer Matanzima, el Ministro en Jefe del Transkei.
Hoy estoy atraído por la idea de una sociedad sin clases, una atracción que nace en parte de lectura marxista y, en parte, desde mi admiración de la estructura y organización de los principios de las sociedades africanas en este país. La tierra, entonces el principal medio de producción, pertenecía a la tribu. No había ricos ni pobres, ni había explotación.
Es cierto, como ya he dicho, que he sido influido por el pensamiento marxista. Pero esto es también cierto en el caso de muchos de los dirigentes de los nuevos Estados independientes. Estas muy diferentes personas como Gandhi, Nehru, Nkrumah y Nasser reconocen este hecho. Todos aceptamos la necesidad de algún tipo de socialismo que permita a nuestro pueblo ponerse al día con los países avanzados de este mundo para superar su legado de pobreza extrema. Pero esto no significa que son marxistas.
A partir de mi lectura de la literatura marxista y de conversaciones con marxistas, he ganado la impresión de que los comunistas ven al sistema parlamentario de Occidente como antidemocrático y reaccionario. Pero, por el contrario, soy un admirador de tal sistema.
Tengo un gran respeto por las instituciones políticas británicas y por el sistema de justicia de su país. Considero al Parlamento británico como la mayor institución democrática en el mundo, y la independencia e imparcialidad del poder judicial nunca deja de despertar mi admiración.
El Congreso de los Estados Unidos, país que mantiene la doctrina de la separación de poderes, así como la independencia del poder judicial, despierta en mí sentimientos similares.
Han influido en mí pensamientos tanto occidentales y orientales. Todo esto me ha llevado a sentir que en mi búsqueda de una fórmula política, debo ser absolutamente imparcial y objetivo. Particularmente, no debería unirme a ningún sistema social que no fuera el socialismo. Debo ser libre para obtener lo mejor de Occidente y de Oriente.
Hay ciertas Exposiciones que sugieren que hemos recibido apoyo financiero del extranjero, y deseo hacer frente a esta cuestión.
Nuestra lucha política siempre ha sido financiada con recursos internos –de los fondos recaudados por nuestro propio pueblo y de nuestros propios partidarios–. Siempre que hemos tenido una campaña especial o un asunto político importante –por ejemplo, el Juicio por Traición– recibimos ayuda financiera de simpatizantes y de organizaciones de los países occidentales. Nunca sentimos necesario ir más allá de estas fuentes.
En mi regreso a la República, hice una fuerte recomendación al CNA de que no debíamos limitarnos a África y a los países occidentales, sino que también debíamos enviar una misión a los países socialistas para recaudar los fondos que con tanta urgencia necesitábamos.
Umkhonto se formó por los africanos para continuar su lucha para vivir en libertad en su propia tierra. En el fondo, luchamos contra dos características que son las propias de la vida africana en Sudáfrica y que están arraigadas a la legislación que buscamos que sean derogadas. Estas características son la pobreza y la falta de dignidad humana, y no necesitamos a los comunistas o los denominados "agitadores" para que nos enseñen acerca de estas cosas.
Sudáfrica es el país más rico de África y podría ser uno de los países más ricos del mundo. Pero es una tierra de extremos y contrastes notables. Los blancos gozan de lo que puede muy bien ser el más alto nivel de vida en el mundo, mientras que los africanos viven en la pobreza y la miseria. Cuarenta por ciento de los africanos viven en hacinamiento y sin esperanzas, en algunos casos, asolados por la sequía de las reservas, donde la erosión del suelo y su sobrecarga hacen que les sea imposible vivir bien de la propiedad de la tierra. El treinta por ciento son trabajadores, arrendatarios y ocupantes ilegales en las granjas de los blancos y trabajan y viven en condiciones similares a las de los siervos de la Edad Media. El otro 30 por ciento vive en las ciudades donde se han desarrollado económicamente y socialmente y han sido atraídos, en muchos aspectos, a las normas de los blancos. Sin embargo, la mayoría de los africanos, incluso de este grupo, están empobrecidos por los bajos ingresos y alto costo de la vida.
La pobreza va de la mano con la malnutrición y de las enfermedades. La incidencia de la desnutrición y la deficiencia de enfermedades son muy altas entre los africanos. La tuberculosis, la pelagra, el kwashiorkor, la gastroenteritis y el escorbuto llevan a la muerte y a la destrucción de la salud. La incidencia de la mortalidad infantil es uno de los más altos del mundo. Estas enfermedades no sólo destruyen los órganos vitales del cuerpo, sino que resultan en condiciones de retardo mental y en falta de iniciativa, y reduce el poder de concentración. Los resultados secundarios de estas condiciones afectan a la comunidad en su conjunto y en el nivel de trabajo realizado por los trabajadores africanos.
La denuncia de los africanos, sin embargo, no es sólo que son pobres y los blancos son ricos, sino que las leyes que son hechas por los blancos están diseñadas para mantener esta situación. Hay dos maneras de salir de la pobreza. La primera es por la educación formal, y la segunda es que el trabajador adquiera una mayor habilidad en su trabajo y, por tanto, salarios más altos. En lo que respecta a los africanos, ambas vías de promoción son deliberadamente restringidas por la legislación.
El actual Gobierno siempre ha tratado de obstaculizar a los africanos en su búsqueda de la educación. Uno de sus primeros actos, después de llegar al poder, fue poner fin a los subsidios de alimentación escolar para niños africanos. Many African children who attended schools depended on this supplement to their diet. Muchos niños africanos que asisten a las escuelas dependen de este suplemento de su dieta. Este es un acto cruel.
La educación es obligatoria, prácticamente sin costo alguno para sus padres, para todos los niños blancos, ya sean ricos o pobres. Similares instalaciones no están previstas para los niños africanos.
Esto es lo que expresó el actual Primer Ministro, durante el debate sobre el proyecto de ley de educación bantú en 1953:
"Cuando tenga el control de los nativos en la educación voy a reformarla para que se les enseñe a los nativos, desde su infancia, a que tomen conciencia de que la igualdad con los europeos no es para ellos... Las personas que creen en la igualdad no son profesores deseables para los nativos. Cuando mi Departamento controla la educación de los nativos sabrá para qué clase de educación superior está capacitado un nativo, y si tendrá una oportunidad en la vida para hacer uso de su conocimiento. "
El otro gran obstáculo para el progreso económico de África es la barra de color industrial en virtud del cual todos los mejores puestos de trabajo de la industria están reservados sólo para los blancos. Más aún, los africanos que sí obtienen empleos no calificados y semi-calificados no tienen permiso para formar sindicatos que tienen reconocimiento en virtud de la Ley de Conciliación Industrial. Esto significa que las huelgas de los trabajadores africanos son ilegales y que se les niega el derecho de negociación colectiva que se permite a los trabajadores blancos mejor pagos. El Gobierno a menudo responde a las críticas diciendo que los africanos en Sudáfrica están –económicamente– en mejor situación que los habitantes de los otros países de África. No sé si esta declaración es verdadera y dudo sobre si podría hacerse alguna comparación sin tener en cuenta el índice del costo de la vida en esos países. Pero aún si fuera cierto, por lo que respecta al pueblo africano, es irrelevante. Nuestra queja no es que son pobres en comparación con personas de otros países, sino que son pobres en comparación con la población blanca en nuestro propio país, y que estamos impedidos de modificar este desequilibrio en la legislación.
La falta de dignidad humana experimentada por los africanos es el resultado directo de la política de supremacía blanca. La supremacía blanca implica inferioridad negra. La legislación destinada a preservar la supremacía blanca afianza esta idea. En Sudáfrica las tareas serviles son siempre realizadas por los africanos. Cuando algo deba ser acarreado o limpiado el hombre blanco mirará a su alrededor para que un africano lo haga por él, aún cuando el nativo sea o no su empleado. Debido a este tipo de actitud, los blancos tienden a considerar a los africanos como una raza aparte. Ellos no los ven como personas con sus propias familias, no se dan cuenta de que tienen emociones, de que se enamoran como blancos, de que quieren estar con sus esposas e hijos como la gente blanca quiere estar con los suyos; que quieren ganar suficiente dinero para mantener a sus familias adecuadamente, para alimentarlos y vestirlos y enviarlos a la escuela. ¿Y qué casero o jardinero o trabajador podrá alguna vez tener la esperanza de realizar esto?
La pobreza y el deterioro de la vida familiar tienen efectos secundarios. Los niños deambulan por las calles de los municipios porque no tienen escuelas donde ir o no tienen dinero a fin de que puedan acercarse, o no tienen a sus padres en casa para controlar que vayan a la escuela, debido a que ambos (en caso de ser dos) tienen que trabajar para mantener viva a su familia. Esto lleva a una ruptura de las normas morales, a un alarmante aumento de la ilegitimidad, y al aumento de la violencia que cada vez que estalla más, no sólo políticamente, sino en todas partes. La vida en las barriadas populares es peligrosa. No hay día que pase sin que alguien sea apuñalado o asaltado. Y la violencia se lleva a cabo en los municipios de las zonas de residencia de los blancos. La gente tiene miedo de caminar sola en las calles al anochecer. La irrupción en las casas y los robos están aumentando, a pesar de que la pena de muerte puede ser impuesta por esos delitos. Las condenas a muerte no pueden curar la llaga enconada.
Los africanos quieren que se pague un salario vital. Los africanos quieren realizar los trabajos que son capaces de hacer, y no el trabajo para el cual el Gobierno declara que son capaces o los africanos quieren que se le permitiera vivir donde obtengan trabajo, y no que se los deje fuera de su zona laboral porque no nacieron allí. Los africanos quieren ser propietarios de tierras en donde trabajan, y no estar presionados a vivir en casas alquiladas que nunca pueden llamar propias. Los africanos quieren ser parte de la población en general, y no limitarse a vivir en sus propios guetos. Los hombres africanos quieren que sus esposas e hijos vivan con ellos en donde trabajan, y no ser obligados a una existencia desnaturalizada en albergues masculinos. Las mujeres africanas desean estar con sus hombres y no quedar permanentemente viudas en las reservas. Los africanos quieren que se les permita salir después de las once de la noche y que no se los limite a sus habitaciones como niños pequeños. Los africanos quieren que se les permita viajar en su propio país y buscar trabajo donde quieran y no cuando la Oficina de Empleo les diga. Los africanos quieren ser parte de Sudáfrica; quieren seguridad y una participación en la sociedad.
Sobre todo, queremos igualdad de derechos políticos, porque sin ellos nuestra discapacidad será permanente. Sé que esto suena revolucionario para los blancos en este país, porque la mayoría de los votantes serán los africanos. Esto hace que el hombre blanco tema a la democracia.
Pero este miedo no puede permitir que se interponga en el camino la única solución que garantice la armonía racial y la libertad para todos. No es cierto que la concesión del derecho de todos a votar dará como resultado la dominación racial. La división política, basada en el color, es totalmente artificial y, cuando desaparezca, también lo hará la dominación de un sólo grupo de color sobre otro grupo de color. El CNA ha pasado medio siglo luchando contra el racismo. Cuando triunfe no va a cambiar esa política.
Esto es por lo que lucha el CNA. Su lucha es una verdad nacional. Es una lucha de los africanos, inspirado por su propio sufrimiento y en su propia experiencia. Es una lucha por el derecho a vivir.
Durante mi vida me he dedicado a esta lucha de los africanos. He luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. He acariciado el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Se trata de un ideal que espero vivir y lograr. Pero si tuviera que ser de otra forma, es un ideal por el cual estoy preparado para morir.

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