
RASTROS DE LA ACTUALIDAD
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CAFE DEL ALMACEN
Aquí la polémica. El debate estratégico para el pensamiento critico. Sin dogmas. Abiertos a una etapa de creación en libertad.
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Tus cuentos, historias, tus fotos, tus vídeos, canciones e inventos. Todos inéditos de aquellos que por debajo del rito comercial crean, por necesidad de su pasión e imaginación.
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Hay huellas que la vida nos deja en el cuerpo, son los amores y desamores. Algunos las esconden de las miradas ajenas, otros las llevan como estandartes, hablaremos de ellas para desterrar este tiempo de tantos amores en soledad.
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Para mirar detrás de la mascara.Sin que el sentido común nos imponga su conservadora ceguera.
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Aquello no evidente. Esa explicación que la foto induce pero no dice. O que nuestros ojos crean, sin la racionalidad de lo expreso.
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Orama, La Maga y Yo
ORAMA, LA MAGA Y YO - Capítulo V
Dardo Moro
Buenos Aires estaba convulsionada. Algo había roto esa tranquilidad lograda después de un terremoto y cuando toda la gente se pone a levantar de nuevo sus casas. La puja por la soja, las movilizaciones, la intolerancia, el humo, la inflación…la fragilidad del futuro. De nuevo, las incertidumbres de los argentinos.
Por más de dos semanas no pisé plaza Armenia. Y me concentré en las discusiones con mis amigos. Orama no hablaba, solo acotaba alguna reflexión que los bandos en los que nos habíamos dividido, usan indistintamente.
Allá a lo lejos se me aparecían mis días de facultad de los 70´, donde la discusión de ideas nos convocaba en cuerpo y alma. Salvo que ahora nada parecía tan convincente como aquellas pasiones desatadas. Traté de explicar este sentimiento a mis amigos y la conversación salto de lugar. Hablamos del valor de las pasiones en este mundo que nos tocaba vivir. Cómo habíamos pasado de un “sálvese quien pueda” salvaje, a un “yo hago la mía” de cáscara anarquista y tan egoísta en esencia como aquel.
El sábado resolvimos encontrarnos a la tarde en Clásica y Moderna. De alguna manera, todos sin decirlo, queríamos continuar aquella conversación. La razón, supuse, es que en ella se reflejaba nuestra frustración; cuando jóvenes imaginamos este presente, en aquel momento futuro, muy distinto.
Nos sentamos en un lugar apartado. La idea era escucharnos. Hablamos de Boca y de lo cagones que somos sus hinchas (me incluyo, por supuesto). De una película sobre el golpe a Chávez un poco vieja pero excelente, donde se muestra la manipulación obscena de los medios. Todo era un rodeo para llegar al tema y fue Orama el que provocó:
- Me quedé pensando sobre el otro día y es evidente que pasiones siguen existiendo, pero la gente las enfoca hacia otras cosas.
- Quizás sea así –reflexionaba mingo– pero son pasiones endogámicas.
- ¿Qué? ¿Porqué endogámicas, qué querés decir con eso?
- Son pasiones por el club, pero dentro del club, por tu barra, pero de núcleo, de tu casa, pero, en verdad, de vos. Son pasiones que, de última, terminan solo en vos, su tendencia es hacia un centro. No van de vos hacia el mundo. En estas pasiones en definitiva lo único determinante sos vos. Y se afirma, soy yo en contra de los demás.
- Inteligente mingo. Porque se podría decir que el núcleo se afirma contra otro núcleo, la barra contra otra barra, la hinchada de un club contra otra y así hasta el infinito.
Estaba escuchando atentamente a mis amigos. Absorto en como había comenzado la conversación, no me di cuenta que me miraban extrañados por que no opinaba:
- ¿Y vos qué pensás? Siempre hablás de todo y ahora estás callado.
- Los estaba escuchando. Es que en el tema de las pasiones me siento de otro siglo.
- ¿Por qué?
- Porque vengo de ese otro mundo donde uno era en tanto participaba de un todo. Hace algunos años se quiso demostrar que ese todo era una forma totalitaria de pensamiento. Que enajenaba nuestras propias ideas. Y que la seguridad que nos daba cobijarnos en un dogma, nos quitaba la libertad del pensamiento. Pero nos vendieron conejo por liebre.
- Es que algo de ello era cierto. Íbamos detrás de causas y quienes las dirigían nos llevaron a cualquier lado. Acordate que nos salvamos de pedo.
- ¿Nos salvamos? No creo, perdimos. Cuando la causa quedó atrás, cuando la revolución es una utopía del pasado. Perdimos. Cuando la humanidad no puede cambiar, sólo queda el presente. Y si sólo queda el presente, entonces, la cuestión es como estamos cada uno en él. La vida es solo un tránsito, en el que hay que pasarla bien, sea eso embriagándonos en Palermo, o fumando paco en Quilmes.
- Re-pesimista, che.
- No digo que estoy de acuerdo con ello.
- Sí, pero decís que solo existe esa realidad. Vos desde que no estás con Mica, estas cagado.
- La concha de tu hermana mingo. Estoy hablando de que no hay que aceptar eso. Que por eso me siento de otro siglo.
- ¿Te sentís de la revolución rusa, bolche…?
- Jodé, vos jodé, pero la verdad es que me siento como si fuera un soldado que perdió su regimiento y anda buscando una causa para poder entregar su vida tranquilo consigo mismo.
Mis amigos se callaron. Me miraban con cariño. Me conocían de tantos años. Sabían, y sobre todo Orama, que se había expresado un Dardo profundo, algo dolido, pero todavía subiendo su montaña.
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