Menu Home Acerca Contacto

 

Orama, La Maga y Yo
ORAMA, LA MAGA Y YO - Capítulo V
Dardo Moro

ImprimirRecomendar esta noticia a amigos  Agregar a FavoritosComentar

 

Como una necesidad de andar con cuidado, la conversación giró hacia lugares más mundanos. Se alejó de las almas y recaló en los cuerpos. Risas, café, anécdotas, recordar los libros del negro Fontanarrosa.
Un shhh de Orama, nos hizo callar. Nos hizo una seña como que escucháramos la conversación de una pareja que se nos había sentado al lado. Parecíamos un grupo de mujeres chusmas cuando se ponen a oír la pelea de una pareja, o las confesiones de otras en la mesa de al lado. Patéticos.

- Estoy seguro que se hace – señalo el muchacho ante la desconfianza de ella.
- ¿Pero como podés estar seguro, si solo conocemos a Hugo y Mónica?
- Es así. Las convocatorias se hacen de boca en boca, o por mensajes de texto. Nadie conoce más que a su equipo.
- ¿Y si vamos y no hay nadie? Mirá el papelón que pasamos.
- No seas boluda, disimulamos y listo. Somos dos parejas caminando
La pareja hizo silencio, como pensando que podría ocurrir en esa cita. Nosotros nos miramos sin entender nada.
- ¿De qué carajo hablan? Preguntó mingo susurrando.
- Parece que fuera una de esas movilizaciones del campo o de los milicos que se citan por mensajes de celulares.
- Pero estos pibes no parecen ni oligarcas ni pro Videla.
- Shhh – de nuevo Orama llamando al orden.
El muchacho de la mesa de al lado estaba recibiendo un mensaje de texto. Tomo su celular. Leyó y se sonrió.
- Se hace, me lo acaban de confirmar.
- ¿Dónde tenemos que ir?
- A nosotros nos toca Díaz Vélez y Medrano. Ahí nos encontramos con el equipo de un curita llamado Eusebio.
- ¿Lo conocés?
- No. Pero me supongo que nos daremos cuenta que es un cura, ¿no?
- Espero. Y después caminamos por Díaz Vélez hacia Parque Centenario. Seguro que ahí nos dan más instrucciones.
- ¿A qué hora tenemos que estar?
- A las once. Pasemos por el departamento, comemos algo y después vamos para allá.

Pidieron la cuenta y salieron rápido hacia la puerta de Clásica y Moderna.

- ¿De qué carajo hablaban? ¿Será un golpe? Porque si están metidos los curas…
- Es rarísimo – sugirió Alberto- una movilización o algo así, clandestina y a las once de la noche. Muy raro.
- ¿Qué hacemos Dardo, le avisamos a algunos de tus amigos del gobierno?
- No. – con firmeza señalo Orama- A las once tenemos que estar allí.
- Sí, estoy de acuerdo –contesté con muchas ganas que llegaran las once.

La tarde se hizo larga, hablamos de mil temas, pero nos se nos iba la intriga de qué significaba aquella conversación. Cerca de las 21 nos separamos y resolvimos encontrarnos 22,45 en la esquina de la cita.

<  Anterior  |  Siguiente  >

 

 

Comentar este texto

Comentarios

Aún no hay comentarios apara este texto

 

 

Subscribirse RSS Feed Subscribirse

Volver