
RASTROS DE LA ACTUALIDAD
Es el lugar donde analizamos con otra mirada los acontecimientos políticos y sociales.
![]()
CAFE DEL ALMACEN
Aquí la polémica. El debate estratégico para el pensamiento critico. Sin dogmas. Abiertos a una etapa de creación en libertad.
![]()
EN EL ESCAPARATE
Tus cuentos, historias, tus fotos, tus vídeos, canciones e inventos. Todos inéditos de aquellos que por debajo del rito comercial crean, por necesidad de su pasión e imaginación.
![]()
Hay huellas que la vida nos deja en el cuerpo, son los amores y desamores. Algunos las esconden de las miradas ajenas, otros las llevan como estandartes, hablaremos de ellas para desterrar este tiempo de tantos amores en soledad.
![]()
Notas recomendadas, otras imágenes y textos...
![]()
Para mirar detrás de la mascara.Sin que el sentido común nos imponga su conservadora ceguera.
![]()
Aquello no evidente. Esa explicación que la foto induce pero no dice. O que nuestros ojos crean, sin la racionalidad de lo expreso.
![]()
Orama, La Maga y Yo
ORAMA, LA MAGA Y YO - Capítulo VII
Dardo Moro
Llegué temprano. Ninguno de mis amigos todavía lo había hecho. El tránsito estaba como todos los días en ese horario. Algunos autos pasaban a gran velocidad. Algunos chicos en la vereda. Gente caminando, parejas sobre todo. Nada extraño, sólo la noche negra, muy negra. Algunas luces de la calle estaban rotas y todo parecía más penumbroso.
Vi acercarse a mis amigos, dos venían por Díaz Vélez, Orama y Alberto. Mingo venía por Medrano del lado de Rivadavia. Nos abrazamos y nos reímos. Entusiasmados de estar en una aventura de otros.
Ya eran las once y todavía nada. Una ventana vieja se abre de par en par y se escucha una música que va levantando el volumen.
- ¿Qué canción es?
- Parece música clásica. Si es la Primavera de Vivaldi. Estoy seguro.
- Ahora parece que se esta superponiendo con otra, como transformándose
Algo pasaba en la calle. En la vereda de enfrente gente se saluda, se abraza, sonríe. Algo sucedía y no sabíamos. Nos dejábamos llevar.
La calle se iba llenando de gente, aparecían flacos, parejas, familias. No eran golpistas, esto era otra cosa. Se repartían una escarapela o cintas de todos los colores.
De pronto la música mezclada dejó paso a una música clara:
“…alegría ahora, ahora y mañana alegría …ahora mañana y después de pasado mañana…esa alegría grita canta y declara la revolución, revolución de un arte que arde, de un pueblo que invade nuestras calles de clave en sol, con su color…”
Conozco esta canción. La conozco. No recuerdo quien canta. La música esta alta, entra en el cuerpo. En la esquina se ponen a bailar. Oímos unos redoblantes, intentan seguir la música. Vienen por Medrano es una murga. Veo a un cura delante de ella siguiendo el ritmo o haciéndolo seguir. Son pibes y pibas muy jóvenes. Llevan banderas en sus manos, con algo escrito, no se lo que dicen.
- Alberto, ¿vos entendés qué dicen las banderas de los pibes de la murga?
- Ni uno más. Ni uno más. Me repite mingo emocionado.
Todos empiezan a caminar por Díaz Vélez. De contramano. Pero no hay autos. Más que caminar, bailan, se abrazan, se balancean. Algunas ventanas se abren y aplauden.
Una joven se nos acerca, mientras el cura hace señas con su mano para que nos sumemos. La chica nos pone a cada uno una cinta multicolor.
- Nosotros no sabemos ni de que se trata.
- Se trata de amor y alegría, vengan y sabrán.
- Vamos – dijo Orama y se puso a bailar con la chica.
Mingo me miró como diciendo que vivo este Orama, ya se la chapó.
Caminamos por Díaz Vélez, aplaudimos en cada esquina donde se sumaba gente. Cada tanto había una ventana abierta que tenia la música a todo lo que da. Se veían personas que no se conocían entre si, que se abrazaban, saltaban. No comprendíamos que pasaba.
Un muchacho y una chica lo toman de la mano a Alberto y saltando le decían “…al fin, al fin”.
Cuando se fueron pregunté:
- ¿Qué decían?
- Que al fin había llegado…
- ¿Qué cosa?
- La conspiración ¿?
Llegamos a parque Centenario. Estaba repleto. Algunos habían traído instrumentos, guitarras, bongos, castañuelas, algún bandoneón.
Una combi se sube al parque. Varios muchachos sacan bafles, conectan cables. Se disponen a hacer mucho ruido. Tardan varios minutos pero la música empieza a sonar….
- Es Creedence….sí, es Banda viajera.
- ¡Tengo que encontrar una mina para bailar este rock! -grita Alberto.
Orama ya estaba bailando con una cuarentona rebuena. Miro en todas las direcciones y todos bailaban, algunos sabían, muchos otros, no. Pero no importaba, había algo más importante allí. Tenía que descubrirlo.
Mientras todos giraban. Las murgas se estaban juntando, eran más de veinte. El cura organizaba. Algo iba a pasar. Pero ¿qué?.
Me tomaron de la mano y también bailé al ritmo de “En la esquina”.
En un momento un clarinete sonó, otros se escucharon en distintas partes del parque. Era una señal. La música calló y la chica me soltó la mano, solo escuche decir: vamos.
Vamos, ¿a dónde? ¿para que? ¿quién lo dice? No tenía respuestas, pero todo me decía que había que ir.
Cuando terminaron de sonar los clarinetes, vi como a una orden del curita, las murgas comenzaron a tocar, era murga tipo uruguaya. Pensé, “solo falta Jaime Roos”. Pero temí equivocarme y quizás estaría entre tanta gente.
Todos marcharon tras las murgas, desordenados, saltando, bailando besándose, tocándose. Había algo de libertad plena en pelea, en aquellos desconocidos.
Marchamos. En realidad, no se podría decir así, pero sirve al efecto de entender. Íbamos hacia el Cid Campeador. El monumento del centro geográfico de la capital parecía esperarnos. Todas las bocacalles, calles, árboles, estaban repletos de personas. Cantando, bailando, estaban esperando algo.
Busqué a mis amigos. Me costaba caminar entre tantos. Pedía permiso, no parecía necesario, se abrían y me dejaban pasar. Que raro, esto no es Buenos Aires. Me subí al capot de un auto estacionado para ver si los veía.
Entre miles, solo vi, a unos cincuenta metros, esos ojos marrones marrones. Corrí hacia ella. Parecía que no llegaba más. Tuve miedo de encontrarla con su esposo. Cuando llegué, me la llevé por delante del envión. La choqué. Me tomó de la mano, sosteniéndome. Me sonrió. Y con un dedo me tapo la boca. – No digas nada esta por empezar.
No sé qué es lo que estaba por empezar, pero no me importaba, me tenía de la mano, estaba sola y me sonreía.
Tenía que ser, en que otro lugar encontrar una maga…
< Anterior | Siguiente >
Comentarios
Aún no hay comentarios apara este texto